David Lozano

El día 8 de Febrero hemos tenido la gran oportunidad de conocer en persona a David Lozano escritor del libro «Donde surgen las sombras». Nos ha estado contando cómo se le ocurrió escribir este libro, cuánto le costó tener una idea y escribirla, también nos explicó que para escribir sus libros necesitaba experimentar lo que sienten los protagonistas, «pisar» los mismos escenarios como carreteras, alcantarillas, calles etc.; sentir los olores, la soledad de la oscuridad…

Finalmente tuvimos la oportunidad de hacerle todo tipo de preguntas. Derrochó simpatía, amabilidad y nos firmó los libros a todos los que quisimos.       Sofía Serrano 2º ESO C

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La fraternidad de Eihwaz

Un pequeño pueblo costero se levanta por la mañana con una terrible noticia: el cadáver de Jacinto Quesada, un chico de 14 años ha aparecido en el fondo de un acantilado. Rápidamente, los rumores se disparan por toda la población. ¿Ha sido asesinado? ¿Habrá tenido un accidente?

Sin vuelta atrás

Un pequeño pueblo costero se levanta por la mañana con una terrible noticia: el cadáver de Jacinto Quesada, un chico de 14 años ha aparecido en el fondo de un acantilado. Rápidamente, los rumores se disparan por toda la población. ¿Ha sido asesinado? ¿Habrá tenido un accidente?

RESUMEN DE LAS NUEVAS NORMAS ORTOGRÁFICAS. (El País, 6-XI-2010)

La nueva edición dela Ortografía de la Real Academia Española, que se publicará antes de Navidad, trata de ser, como dice su coordinador, Salvador Gutiérrez Ordóñez, “razonada y exhaustiva pero simple y legible”. Y sobre todo “coherente” con los usos de los hablantes y las reglas gramaticales. Por eso el académico insiste en que plantea innovaciones y actualizaciones respecto a la anterior edición, de 1999, pero no es, “en absoluto” revolucionaria. Gutiérrez Ordóñez se resiste incluso a usar la palabra “reforma”.

Con todo, al director del Departamento de Español al Día de la RAE no se le escapa que los cambios ortográficos provocan siempre resistencias entre algunos hablantes. De ahí la pertinencia, dice, del consenso panhispánico que ha buscado la Comisión Interacadémica de la asociación que reúne a las Academias de la Lengua Española de todo el mundo. El miércoles, esa comisión, reunida en San Millán de la Cogolla (la Rioja) aprobó el texto básico de la nueva Ortografía de la lengua española. A falta de su ratificación definitiva el 28 de este mes en la Feria del Libro de Guadalajara (México) durante el pleno de las 22 academias, estas son algunas de las “innovaciones puntuales” aprobadas esta semana y destacadas por el propio Gutiérrez Ordóñez.

La i griega será ye.

Algunas letras de nuestro alfabeto recibían varios nombres: be, be alta o be larga para la b; uve, be baja o be corta, para v; uve doble, ve doble o doble ve para w; i griega o ye para la letra y; ceta, ceda, zeta o zeda para z. La nueva Ortografía propone un solo nombre para cada letra: be para b; uve para v; doble uve para w; ye para y (en lugar de i griega). Según el coordinador del nuevo texto, el uso mayoritario en español de la i griega es consonántico(rayo, yegua), de ahí su nuevo nombre, mayoritario además en muchos países de América Latina. Por supuesto, la desaparición de la i griega afecta también a la i latina, que pasa a denominarse simplemente i.

Ch y ll ya no son letras del alfabeto.

Desde el siglo XIX, las combinaciones de letras ch y ll eran consideradas letras del alfabeto, pero ya en la Ortografía de 1999 pasaron a considerarse dígrafos, es decir, “signos ortográficos de dos letras”. Sin embargo, tanto ch como ll permanecieron en la tabla del alfabeto. La nueva edición los suprime “formalmente”. Así, pues, las letras del abecedario pasan a ser 27.

Solo café solo, sin tilde.

Hay dos usos en la acentuación gráfica tradicionalmente asociados a la tilde diacrítica (la que modifica una letra como también la modifica, por ejemplo, la diéresis: llegue, antigüedad). Esos dos usos son: 1) el que opone los determinantes demostrativos este, esta, estos, estas (Ese libro me gusta) frente a los usos pronominales de las mismas formas (Ese no me gusta). 2) El que marcaba la voz solo en su uso adverbial (Llegaron solo hasta aquí) frente a su valor adjetivo (Vive solo).

“Como estas distinciones no se ajustaban estrictamente a las reglas de la tilde diacrítica (pues en ningún caso se opone una palabra tónica a una átona), desde 1959 las normas ortográficas restringían la obligatoriedad del acento gráfico únicamente para las situaciones de posible ambigüedad (Dijo que ésta mañana vendrá / Dijo que esta mañana vendrá; Pasaré solo este verano / Pasaré solo este verano). Dado que tales casos son muy poco frecuentes y que son fácilmente resueltos por el contexto, se acuerda que se puede no tildar el adverbio solo y los pronombres demostrativos incluso en casos de posible ambigüedad”, esto dice la comisión de la nueva Ortografía, que, eso sí, no condena su uso si alguien quiere utilizar la tilde. Café para todos. No obstante, la RAE lleva décadas predicando con el ejemplo y desde 1960, en sus publicaciones no pone tilde ni a solo ni a los demostrativos.

Guion, también sin tilde.

Hasta ahora, la RAE consideraba “monosílabas a efectos ortográficos las palabras que incluían una secuencia de vocales pronunciadas como hiatos en unas áreas hispánicas y como diptongos en otras”. Sin embargo, permitía “la escritura con tilde a aquellas personas que percibieran claramente la existencia de hiato”. Se podía, por tanto, escribir guion-guión, hui-huí, riais-riáis, Sion-Sión, truhan-truhán, fie-fié… La nueva Ortografía considera que en estas palabras son “monosílabas a efectos ortográficos” y que, cualquiera sea su forma de pronunciarlas, se escriban siempre sin tilde: guion, hui, riais, Sion, truhan y fie. En este caso, además, la RAE no se limita a proponer y “condena” cualquier otro uso. Como dice Salvador Gutiérrez Ordóñez, “escribir guión será una falta de ortografía”.

4 o 5 y no 4 ó 5.

Las viejas ortografías se preparaban pensando en que todo el mundo escribía a mano. La nueva no ha perdido de vista la moderna escritura mecánica: de la ya vetusta máquina de escribir al ordenador. Hasta ahora, la conjunción o se escribía con tilde cuando aparecía entre cifras (4 ó 5 millones). Era una excepción de las reglas de acentuación del español: “era la única palabra átona que podía llevar tilde”. Sin embargo, los teclados de ordenador han eliminado “el peligro de confundir la letra o con la cifra cero, de tamaño mayor”.

Catar y no Qatar.

Aunque no siempre lo fue, recuerda el coordinador de la nueva ortografía, la letra k ya es plenamente española, de ahí que se elimine la q como letra que representa por sí sola el fonema /k/. “En nuestro sistema de escritura la letra q solo representa al fonema /k/ en la combinación qu ante e o i (queso, quiso). Por ello, la escritura con q de algunas palabras (Iraq, Qatar, quórum) representa una incongruencia con las reglas”. De ahí que pase a
escribirse ahora: Irak, Catar y cuórum. ¿Y si alguien prefiere la grafía anterior?: “Deberá hacerlo como si se tratase de extranjerismos crudos (Qatar y quorum, en cursiva y sin tilde)”.

En anteriores ediciones se consideraba a los prefijos ‘ex’, ‘anti’ o ‘pro’ como preposiciones, por lo que se escribían separados de la palabra a la que acompañaban. Ahora, sin embargo, la RAE los analiza como prefijos y, como tales, deberán escribirse unidos a la base léxica, aunque sólo si afectan a una sola palabra (‘exmarido’, ‘antisocial’, ‘ex capitán general’ o ‘pro derechos humanos’).
TÍTULOS Y CARGOS

Los sustantivos que designan títulos nobiliarios, dignidades y cargos o empleos de cualquier rango (ya sean civiles, militares, religiosos, públicos o privados) deben escribirse con minúscula inicial por su condición de nombres comunes, tanto si se trata de usos genéricos:

•El rey visita a los pilotos españoles

•El papa es el obispo de Roma y sucesor de San Pedro
•El presidente de la República es un cargo electo

como si se trata de menciones referidas a una persona concreta:
•La reina inaugurará la nueva biblioteca

•El papa visitará la India en su próximo viaje

•A la recepción ofrecida por el embajador acudió el presidente del Gobierno, acompañado por la ministra de Asuntos Exteriores y el director del Gabinete.

Aunque, por razones de solemnidad y respeto se acostumbra a escribir con mayúscula inicial los nombres que designan cargos o títulos de cierta categoría en textos protocolarios, se recomienda acomodarlos también en estos contextos a la norma
general y escribirlo con minúscula.

«Para aquellas fórmulas honoríficas correspondientes a las más altas dignidades en el
tratamiento protocolario (su santidad, su majestad…), la mayúscula inicial es admisible -aunque no obligada- solo si el tratamiento no va seguido del nombre propio de la persona a la que se refiere: La recepción a Su Santidad será en el palacio arzobispal; pero, si se acompañada del nombre propio, es obligada la minúscula: Esperamos la visita de su santidad Benedicto XVI».
El uso de mayúsculas y minúsculas es uno de los aspectos que más dudas producen en los
hablantes, de ahí que sea uno de los que más exhaustiva atención ha recibido en
la nueva edición de la Ortografía.

ACCIDENTES GEOGRÁFICOS

Cuando para referirse a un accidente geográfico se emplea el sustantivo genérico seguido de un adjetivo derivado del topónimo al que dicho accidente corresponde, tanto el sustantivo genérico como el adjetivo se escriben con minúscula:

•cordillera andina (el adjetivo andino deriva del topónimo Andes)

meseta castellana (el adjetivo castellano deriva del topónimo Castilla)

•islas británicas (el adjetivo británico deriva del topónimo histórico Britania)

•península ibérica (el adjetivo ibérico deriva del topónimo histórico Iberia).

Sin embargo, cuando el adjetivo no deriva de un topónimo previo va con mayúscula inicial:

•mar Mediterráneo

•islas Canarias

•península de Crimea.

 

LAS ABREVIACIONES Y LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS DE LA COMUNICACIÓN

En los mensajes de móvil y chats, tanto las dimensiones del soporte (con teclados y pantallas reducidos) como la restricción a un número limitado de caracteres por mensaje justifican que se recurra muy a menudo a las abreviaciones gráficas. Además, en los dos contextos comunicativos mencionados, la inmediatez que preside en todo momento una comunicación que, aun siendo escrita, se halla próxima a los códigos de la oralidad exige la máxima premura en la materialización del mensaje.

Así pues, las abreviaciones acuñadas para su uso en chats y en mensajes cortos tienen
restringido su empleo en ese ámbito y no deben trasladarse a la lengua general, por lo que no son objeto de regulación ni sistematización por parte de la ortografía.

 

Artículos sobre el tema de Javier Marías. (El País: 30-I-2011)  (I)

No sé si una de las funciones, pero desde luego uno de los efectos y grandes ventajas de la ortografía española era, hasta ahora, que un lector, al ver escrita cualquier palabra que desconociera (si era un estudiante extranjero se daba el caso con frecuencia), sabía al instante cómo le tocaba decirla o pronunciarla, a diferencia de lo que ocurre en nuestra hermana la lengua italiana. Si en ella leemos «dimenticano» («olvidan»), nada nos indica si se trata de un vocablo llano o esdrújulo, y lo cierto es que no es lo uno ni lo otro, sino sobresdrújulo, y se dice «diménticano». Lo mismo sucede con «dimenticarebbero» («olvidarían»), «precipitano», «auguro» y tantos otros que uno precisa haber oído para enterarse de que llevan el acento donde lo llevan: «dimenticarébbero»,
«prechípitano», «áuguro». Del francés ni hablemos: es imposible adivinar que lo que uno lee como «oiseaux» («pájaros») se ha de escuchar más o menos como «uasó». El inglés ya es caótico en este aspecto: ¿cómo imaginar que «break» se pronuncia «breic», pero «bleak» es «blic», y que «brake» es también «breic»? ¿O que la población que vemos en el mapa como «Cholmondeley» se corresponde en el habla con «Chomly», por añadir un ejemplo caprichoso y extravagante, y hay centenares?

Este considerable obstáculo era inexistente en español -con muy leves excepciones- hasta la aparición de la última Ortografía de la Real Academia Española, con algunas de sus nuevas normas. Vaya por delante que se trata de una institución a la que no sólo pertenezco desde hace pocos años, sino a la que respeto enormemente y tengo agradecimiento. El trabajo llevado a cabo en esta Ortografía es serio y responsable y admirable en muchos sentidos, como no podía por menos de ser, pero algunas de sus decisiones me parecen discutibles o arbitrarias, o un retroceso respecto a la claridad de nuestra lengua. Tal vez esté mal que un miembro de la RAE objete públicamente a una obra que lleva su sello, pero como considero el corporativismo un gran mal demasiado extendido, creo que no debo abstenerme. Mil perdones.

Lo cierto es que, con las nuevas normas, hay palabras escritas que dejan dudas sobre su correspondiente dicción o -aún peor- intentan obligar al hablante a decirlas de determinada manera, para adecuarse a la ortografía, cuando ha de ser ésta, si acaso, la que
deba adecuarse al habla. Si la RAE juzga una falta, a partir de ahora, escribir «guión», está forzándome a decir esa palabra como digo la segunda sílaba de «acción» o de «noción», y no conozco a nadie, ni español ni americano (hablo, claro está, de mi muy limitada experiencia personal), que diga «guion». Tampoco que pronuncie «truhán» como «Juan», que es lo que pretende la RAE al prohibir la tilde y aceptar sólo «truhan». De ser en verdad consecuente, esta institución tendría que quitarle también a ese vocablo la h intercalada (¿qué pinta ahí si, según ella, se dice «truan» y es un monosílabo?), lo mismo que a
«ahumado», «ahuyentar» y tantos otros. O, ya puestos, y siguiendo al italiano y a García Márquez en desafortunada ocasión, ¿por qué no suprimir todas las haches de nuestra lengua? Los italianos escriben «ipotesi», «orrore», «eresia» y «abitare»,
el equivalente a «ipótesis», «orror», «erejía» y «abitar». Y dado que la Academia parece inclinada a facilitarles las cosas a los perezosos e ignorantes suprimiendo tildes, no veo por qué no habría de eliminar también las haches. (Dios lo prohíba, con su hache y su tilde.)

En cuanto a «guié» o «crié», si se me vetan las tildes y se me impone «guie» y «crie», se me está indicando que esas palabras las debo decir como digo «pie», y no es mi caso, y me temo que tampoco el de ustedes. Hagan la prueba, por favor. Tampoco digo «guió» y
«crió» como digo «vio» o «dio», a lo que se me induce si la única manera correcta de escribirlas es ahora «guio» y «crio» (en la Ortografía de 1999 poner o no esas tildes era optativo, y no alcanzo a ver la necesidad de privar de esa libertad). En cuanto a
«riáis» o «fiáis», si yo leo «riais» y «fiais», como ordena la RAE, me arriesgo a creer que he de pronunciar esas formas verbales igual que la segunda sílaba de «ibais», lo cual,
francamente, no es así. Y si leo «hui» en vez de «huí», nada me advierte que no deba decir esa palabra exactamente igual que la interjección «huy» (tan frecuente en el fútbol) o que «sí» en francés, es decir, «oui», es decir, «ui». Si un número muy elevado de hablantes percibe todos estos vocablos como bisilábicos con hiato, y no como monosilábicos con diptongo, ¿a santo de qué impedirles la opcionalidad en la escritura? La RAE parece tenerle pánico a la posibilidad de elegir en cuestión de tildes (que es algo menor y que no afecta a la sacrosanta «unidad de la lengua»). Pero es que además es incongruente en eso,
porque sí permite dicha opcionalidad en «periodo» y «período», «policiaco» y «policíaco»,
«austriaco» y «austríaco» (yo siempre las escribo sin tilde), lo mismo que en «alvéolo» y «alveolo», «evacúa» y «evacua» y otras más. ¿Por qué no permitir que cada hablante opte por «truhán» o «truhan», como aún puede hacerlo (por suerte) entre «solo» y «sólo»,
«este» y «éste», «aquel» y «aquél»? La posibilidad de seguirles poniendo tildes a estas palabras no es para mí irrelevante. ¿Cómo saber, si no, lo que se está diciendo en la frase
«Estaré solo mañana»? Si se la escribe en un mail un hombre a su amante, la diferencia no es baladí: sin tilde significa que estará sin su mujer; con tilde que mañana será el único día en que estará en la ciudad. No es poca cosa, la verdad. Por menos ha habido homicidios.


(II): 6-II-2011

Además hay algunas objeciones que quisiera hacer a las nuevas normas de la reciente
Ortografía de la Real Academia Española y de las otras veintiuna, sobre todo americanas, que la han acordado por unanimidad.

a)     Mayúsculas y minúsculas. En realidad no entiendo por qué tal cosa ha de ser regulada, ya que, a mi parecer, pertenece al ámbito estilístico personal de cada hablante
-o, mejor dicho, de cada escribiente-. Habrá ateos que escriban siempre «dios» deliberadamente, y todo creyente optará por «Dios», por poner un ejemplo extremo. Según la RAE, supongo, habría que escribirlo en toda ocasión con minúscula, ya que ha decidido que todos los nombres que sean comunes («rey», «papa», «golfo»,»islas», etc.) han de ir así obligatoriamente aunque formen parte de lo que para muchos hablantes funciona como nombre propio. Así, «islas Malvinas», «papa Benedicto», «mar Mediterráneo» o
«rey Juan Carlos». E, igualmente, al referirse a un rey concreto, omitiéndole el nombre, habría que escribir «el rey» y nunca «el Rey». Yo no pienso seguir esta norma, porque considero que algunos títulos y nombres geográficos funcionan como nombres propios y topónimos, o son sustitutivos de ellos. Cuando en España decimos «el Rey» -y dado que
sólo hay uno en cada momento-, utilizamos esa expresión como equivalente de «Juan Carlos I», algo a lo que casi nadie recurre nunca. De la misma manera, «Islas Malvinas» funciona como un nombre propio en sí mismo, equivalente a «República Democrática Alemana», que era el oficial del territorio también conocido como Alemania Oriental o del Este. Según las últimas normas, deduzco que nos tocaría escribir «la república democrática
alemana», con lo cual no sabríamos bien si se habla de un país o de qué. Si yo leo «el golfo de México», ignoro si se trata de una porción de mar o de un golferas mexicano -tal vez del golferas por antonomasia, ¿acaso Cantinflas?-. Y si leo «príncipe de Gales», dudo si se me habla del tejido así llamado o del heredero a la corona británica.

b)     Zeta. La RAE ha decidido que el nombre de esa letra se escriba sólo con c, porque con ésta se representa ese sonido -en parte de España- antes de e y de i. Siempre me pareció tan adecuado que el nombre de cada letra incluyera la letra misma que durante largo tiempo creí que la x se escribía «equix», aunque todos digamos «equis» y así se escriba de hecho. Pero es que además el reciente Diccionario panhispánico de dudas, de la misma RAE, valida grafías como «zebra» (aunque la juzga en desuso), «zinc» o «eczema». Y, desde luego, no creo que se oponga a que sigamos escribiendo «Ezequiel» y «Zebulón».
No veo, así pues, por qué «zeta» pasa a ser ahora una falta. No está mal que haya algunas excepciones o extravagancias ortográficas en las lenguas, y en español son tan pocas que no veo necesidad de suprimirlas.

c)     Qatar. La RAE decide que este país y sus derivados -«qatarí»- se escriban con c. El origen de esa peculiar grafía -aceptada en casi todas las lenguas- está, al parecer, en la
recomendación de arabistas, que distinguen dos clases diferentes de fonema k en árabe. Por eso, arguyen, se escribe «Kuwait» y se escribe «Qatar», pese a que nosotros percibamos el fonema en cuestión de una sola manera. La representación gráfica de las palabras -eso lo sabe cualquier poeta- tiene un poder evocativo y sugestivo que las nuevas normas desdeñan. Si yo leo «Qatar», en seguida se me sugiere un lugar exótico y lejano. Si leo «Catar», en cambio, lo primero que me viene a la imaginación es una cata de vinos. Pero es que además, para ser consecuente, la RAE tendría que condenar la ortografía «Al Qaeda» y proponer «Al Caeda» o quizá «Al Caida» o quién sabe si «Al Caída». Los internautas iban a tener graves problemas para encontrar información sobre esa organización terrorista, desconocida en el resto del mundo, y de la que lamentablemente hoy se habla a diario.

d)     Ex. Decide la RAE que no se separe ese prefijo del vocablo que lo acompañe, y que se escriba «exmarido», etc. Sin embargo, y dado que en español hay numerosas palabras largas que empiezan por «ex» sin que esa combinación sea un prefijo, un estudiante primerizo de nuestro idioma puede verse en dificultades para saber si «exayuntamiento» es un vocablo en sí mismo o si «exacerbación» o «execración» se componen de dicho prefijo y de las inexistentes «acerbación» y «ecración».

e)     Adaptaciones. Las grafías «mánayer» o «pirsin», que la RAE propone, son tan irreconocibles como lo fue «güisqui» en su día (fea y además mal transcrita, como si
escribiéramos «güevos»). En cuanto a «sexi», es directamente una horterada, siento decirlo.

e)     En la Academia hay quienes consideran que discutir y objetar a estas cosas es perderse en minucias. Puede ser. Pero habrá de concedérseme que también lo es, entonces, dictaminar sobre ellas y aplicarles nuevas normas. Si la Ortografía se ha molestado en mirarlas, no veo por qué no debamos hacerlo quienes estamos en desacuerdo con sus modificaciones.
Termino reiterando que mis modestas objeciones no me impiden reconocer el gran trabajo que, en su conjunto, supone la nueva Ortografía, obra admirable en muchos sentidos. Habría sido redonda si no hubiera querido enmendar lo que quizá ya estaba bien, desde su versión de 1999. Porque para mí nuestra lengua es ahora un poco menos elegante y menos clara.

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“Donde surgen las sombras”,de David Lozano

Premio Gran Angular 2006, este tercer libro del zaragozano David Lozano Garbala es una novela negra que, con un ritmo narrativo infatigable, se ocupa del mal, de los rincones más oscuros que habitan en nosotros, ya sean latentes o activos. La historia inicia con la misteriosa desaparición de Álex, un joven de 18 años aficionado a los videojuegos quien, con la idea de que está ante uno de los programas que tanto disfruta, accede por error a un perverso portal donde verá la muerte muy de cerca, como nunca antes, a la vez que pone en evidencia su intrusión y desata la maquinaria que será responsable de su secuestro.

“Marina”, de Carlos Ruíz Zafón

«Quince años más tarde, la memoria de aquel día ha vuelto a mí. He visto a aquel muchacho vagando entre las brumas de la estación de Francia y el nombre de Marina se ha encendido de nuevo como una herida fresca. Todos tenemos un secreto encerrado bajo llave en el ático del alma. Éste es el mío».

Así comienza la historia de Óscar Drai, un joven de quince años que reside en un internado de Barcelona. Vive en ese lugar sin incentivos ni motivaciones que le saquen de su rutina escolar, hasta que una tarde, en uno de sus paseos por la ciudad, se adentra en el bosque de Sarriá, donde descubre un gran caserón abandonado.